jueves, 22 de octubre de 2009

Cuando la Sal Pierde su Sabor:

Días atrás, mientras daba un estudio bíblico a varios niños de mi vecindario, uno de ellos -de 11 años- hizo un comentario que me que conmovió profundamente: "hay tan pocas personas buenas en este mundo..." La triste convicción con que lo dijo me ha hecho reflexionar cuidadosamente en lo que implican sus palabras, especialmente si tomo en cuenta que:
  • según una encuesta realizada recientemente en mi país (por una reconocida universidad), el 38.2 % de nuestra población (es decir más de una tercera parte de ella) afirma ser evangélica.
  • En el vecindario donde vivimos, la mayor parte de los adultos asisten asiduamente a una iglesia evangélica.
  • El mismo niño que hizo esta observación asiste a una de ellas.

Entonces... ¿porqué siendo rodeado de tantos cristianos ve tan pocas personas buenas a su alrededor?

¿Será esa la misma causa que por la que...

  • siete de cada diez miembros de maras (pandillas juveniles dedicadas a la violencia y -en muchos casos- a la delincuencia), afirman haber crecido en hogares cristianos; y por lo tanto, asistieron de niños a la Iglesia?
  • el 80% de jovencitos encuestados por la denominación a la que pertenezco, respondieron que preferirían quedarse en casa a jugar, en lugar de asistir a la Escuela Domnical?
  • la mayor parte de hombres y mujeres que están rehabilitándose en ministerios cristianos o con organismos no gubernamentales que trabajan -en mi país- con drogadictos y alcohólicos, crecieron en hogares cristianos?
  • una inmensa cantidad de reos en nuestras cárceles son hijos de pastores evangélicos?

¿Cuántos de ellos se habrán decepcionado y retirado porque lo que vieron -o por el bien que no vieron que se realizara- les llevó a pensar: es que no hay personas buenas aquí... cristianos que vivan de acuerdo a lo que dicen creer... que estén dispuestos a luchar por vivir con la misma integridad que me piden vivir a mí?

Porque la culpa de tanta deserción no siempre la tienen el mundo y Satanás. Es una cruel realidad que muchos de nuestros niños y jóvenes no encuentran - su alrededor- hombres y mujeres que les sirvan de modelos de una fe, conducta y carácter maduros; a través de los cuales el amor de Dios fluya hacia sus jóvenes vidas, y que les enseñen a vivir con sabiduría, integridad y balance en un mundo cada vez más difícil.

¡Qué bendición más grande para los que sí los encuentran! Pero para muchos, la única excusa que recibieron fué: "no mires al hombre, no te importen los fallos que veas, mira solo a Cristo" Pero si bien es cierto que responderemos individualmente por nuestros actos, fué el mismo Jesucristo quien nos advirtió:

"Y cualquiera que reciba en mi nombre un niño como este, a mí me recibe. Y cualquiera que haga tropezar a alguno de estos pequeños que creen en mí, mejor sería que se le colgase al cuello una piedra de molino de asno, y que se le hundiese en lo profundo del mar. ¡Ay del mundo por los tropiezos! Porque es necesario que vengan tropiezos, pero ¡ay del hombre por quien viene el tropiezo! (Mateo 18: 5-7)

Y claramente nos ordenó ser modelos para otros. No en vano eligió dos ejemplos claros para ilustrarlo:

  • Una luz (que en los tiempos bíblicos, representaba la verdad y la vida), puesta en lo alto para iluminar a otros y sacarlos de la oscuridad (con esta última, se representaba la muerte y la mentira).
  • La sal (que en aquellos tiempos -además de usarse para dar sabor a la comida, evitar la corrupción de la carne y otros alimentos, y también como antiséptico- simbolizaba hospitalidad, amistad, pacto y lealtad. Por eso, comer pan con sal con una persona era hacer una alianza de amistad inquebrantable. Y, en las cantidades apropiadas, servía para fertilizar los campos; pero un exceso de ella lo volvía estéril.

¿Es eso lo que encuentran nuestros niños y jóvenes en nosotros?... ¿Una vida verdadera, que es producto de nuestro caminar con Dios?... ¿Un pacto de amistad leal?... ¿Un modelo de vida que les muestre cómo permanecer incorruptibles gracias a la guía y fortaleza del Espíritu Santo?... ¿O volvemos estériles sus vidas por el exceso de sal (producto de nuestros legalismos o indiferencia)?

Si no somos capaces de ser sal y luz para nuestros jóvenes hermanos en la fe, menos lo seremos para el mundo.

Nuestros niños y jóvenes nos necesitan. Pero no debemos limitarnos solo a los de nuestras iglesias. ¿Acaso no necesitan también buenos modelos, aquellos jovencitos que nos rodean en nuestros vecindarios? Si nosotros los abandonamos, otros los conducirán a una vida de perdición presente y eterna.

Es un reto hermoso el que nos espera: ser instrumentos de Dios, através de los cuales El toque y transforme esas vidas que comienzan; para que así puedan florecer bajo la gracia de Dios. Y lleguen a ser hombres y mujeres de buen testimonio, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría; que -como Pablo- puedan decir a otros: "sed imitadores de mí, así como yo soy de Cristo" (1ª Corintios 11:1).

1 comentario:

Fiat_Lux_88 dijo...

Gracia, ¡Te bendigo!.
Estoy por aquí visitando tu espacio, dejame decirte que está muy hermoso, esta quedando precioso.
Mirá, leí con mucha atención este post y me quedó grabada una frase: ¿O volvemos estériles sus vidas por el exceso de sal (producto de nuestros legalismos o indiferencia)?

Nunca lo habia pensado de ese modo, y ¡cuanta razon hay en eso!, somos muy buenos para decirles a los adolescentes como hacer las cosas, pero no somos ejemplos consecuentes con nuestras exigencias.

Buenisimo post, te felicito, que Dios te super bendiga. Buena semana!!